Cómo armar un presupuesto mensual que dure más de un mes

Casi todos los presupuestos se abandonan en la segunda semana, y casi siempre por el mismo motivo. Cómo armar uno con los números que ya tenés y por qué conviene empezar con tres categorías.

Casi todo el mundo que armó un presupuesto lo abandonó. No por falta de ganas: por el diseño. Un presupuesto que arranca con doce categorías, montos redondos inventados y la promesa de anotar todo termina, en la segunda semana, con tres categorías desbordadas y la sensación de haber fracasado en algo.

La buena noticia es que el problema casi siempre es el mismo, y tiene arreglo.

El error de arranque: presupuestar lo que te gustaría gastar

Un presupuesto no es una lista de deseos. Si ponés "salidas: $60.000" porque te gustaría gastar eso, y el mes pasado gastaste $140.000, no armaste un presupuesto: te pusiste una trampa. En la primera cena la categoría queda en rojo, y una categoría en rojo el día 6 es una categoría que se ignora el resto del mes.

El primer presupuesto se arma mirando para atrás, no para adelante. Tomá lo que gastaste el mes pasado en cada categoría y usá ese número. Sí, tal cual. La gracia del primer mes no es ahorrar: es que los números que te pusiste sean alcanzables, para que el sistema siga en pie cuando quieras empezar a apretar.

Empezá con tres categorías, no con doce

Doce categorías obligan a tomar doce decisiones por gasto, y multiplican las chances de equivocarse. Tres alcanzan para saber si el mes viene bien:

Con eso ya podés contestar la única pregunta que importa a mitad de mes: ¿cuánto me queda de "todo lo demás"? Las subcategorías vienen después, y solo para lo que quieras mirar de cerca — sobre eso hay una nota entera: cuántas categorías necesitás de verdad.

El número que casi nadie presupuesta

Los gastos que no pasan todos los meses. El seguro semestral, la patente, el regalo de casamiento, la vacuna del perro, el service de la moto. Nunca están en el presupuesto porque en el mes que lo armaste no estaban — y son exactamente los que lo rompen.

La forma más simple de manejarlos: sumá lo que gastaste el año pasado en cosas que pasaron una o dos veces, dividilo por doce, y metelo como una categoría fija más. Es plata que apartás todos los meses para gastos que sabés que van a venir, aunque no sepas cuándo.

Cargalo el mismo día, no a fin de mes

Acá es donde se cae la mayoría de los presupuestos, y no es un problema de voluntad: es de fricción. Reconstruir el mes desde el resumen de la tarjeta lleva una hora, se hace mal y se hace una vez.

Cargar un gasto tiene que costar menos que ignorarlo. Si te lleva más de diez segundos, tarde o temprano lo vas a saltear. Por eso conviene resolverlo en el momento —cuando pagaste—, dejar los recurrentes cargados una sola vez, y usar la carga por voz para los días en que cargaste cuatro cosas y no tenés ganas de escribir ninguna.

Revisalo una vez por semana, cinco minutos

Un presupuesto que se mira solo a fin de mes es un informe, no un presupuesto. Cuando ves el resultado ya no podés hacer nada con él.

Cinco minutos por semana alcanzan para las tres preguntas que sirven:

  1. ¿Hay algo cargado que no reconozco?
  2. ¿Alguna categoría va más rápido de lo que debería?
  3. ¿Queda algo grande por pagar antes de fin de mes?

Con eso, el ajuste llega cuando todavía se puede ajustar.

Si compartís los gastos, presupuesten juntos

Un presupuesto individual en una casa de dos personas describe media casa. Si el alquiler lo paga uno y el súper el otro, cada uno tiene una foto incompleta y la suma no cierra por ningún lado.

Lo que funciona es tener los gastos compartidos en un solo lugar, con el saldo al día, y que cada uno lleve aparte lo suyo — que es exactamente el reparto que plantea la nota sobre cómo dividir los gastos de casa.

En una línea

Presupuestá lo que gastás, no lo que te gustaría gastar; empezá con tres categorías; apartá algo todos los meses para lo que no pasa todos los meses; y cargá los gastos el mismo día. Un presupuesto que sobrevive tres meses vale más que uno perfecto que dura dos semanas.

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